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El río y los finales


Bueno. Todo fue más rápido de lo que pensaba. Mi novela Los viajes sonámbulos ya está en Amazon.  Pasada la emoción de las primeras horas, siento ahora una especie de vacío. En principio, la publicación de esta novela significa cerrar una etapa.  Significa que probablemente no vuelva a leer esta novela en mucho tiempo. Realmente necesito un descanso de mí misma. Un descanso de la literatura propia. Al final, escribir es desquiciante pero más desquiciante es leer una y otra vez lo que uno ha escrito. Se acabó.
Ahora solo queda el trabajo de promoción de la obra. En principio, me mantengo en Facebook (al costado hay una caja donde pueden seguir las novedades de la novela) e intento estar activa en algunos blogs que me interesan. Me he dado de alta en Authorcentral para tener un perfil de autor en Amazon (en principio, solo funciona para Amazon.com) esto me interesa ya que mis lectores potenciales también están en Estados Unidos (me refiero a la comunidad hispano hablante, por supuesto). En Twitter no voy a entrar de momento: son demasiadas redes sociales y  consumen mucho tiempo que quiero aprovechar para seguir escribiendo la que será mi segunda novela.
 De momento, no puedo adelantar nada excepto que uno de los escenarios será Madrid. 
No sé dónde leí que Truman Capote solía escribir primero el último capítulo de sus novelas para saber hacia dónde se dirigía con sus historias. Yo soy incapaz. Me gusta el misterio de no saber hacia dónde me llevará la escritura. Creo que esa incertidumbre es sencillamente genial. Es mágica. Es única. El no saber qué va a pasar. El planear algo que se te va a ir de las manos. De momento, mi segunda novela es como un monstruo sin patas ni cabeza. De a poco voy dándole forma. Muy lejos estoy de un final de momento.
Un río que fluye como éste de El Allende en Asturias. 

Por otro lado, soy muy mala escribiendo finales. O, mejor dicho, me cuesta mucho dar un final a mis historias y me doy cuenta de  lo que me pasa cuando veo películas o leo novelas: a menudo no me gustan los finales.
Y yo creo que es muy difícil escribir un final cuando la vida, o mejor dicho, la existencia no tiene final. Todo continúa a su manera y, en realidad, poner un final es una cosa de lo más artificial. En la vida no existen los finales. Todo continúa y es en la ficción en donde tenemos que devanarnos los sesos para inventar un desenlace.
Y esto me hace acordar a esa teoría de la que habló el Canguro filósofo en uno de sus últimos posts. La teoría del universo que postula que el mismo no tiene principio ni final aunque está en constante cambio. Como un río que fluye pero que no tiene comienzo ni desenlace.
Hoy me puse un poco filosófica. Los dejo de momento.
 Ya iré contando más novedades.


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