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La pequeña librería, Amazon y el monopolio: reflexiones buscando al consumidor

Varias cosas sucedieron esta semana. Por un lado, tuvo lugar el I Congreso del libro electrónico, un evento (al que no fui) que seguí  a través de los videos que se colgaron en You Tube (señores, se agradece el esfuerzo pero mejoren el sonido).
 Ya se ha escrito mucho sobre lo que se habló allí y no me repetiré.
 Lo único que rescato, que ya señalé en Twitter, es la presentación del Primer estudio de hábitos de lectura digital que realizó Biblioeteca. Es un paso adelante que alguien se ponga las pilas y se interese por intentar mostrar con cifras un sector naciente como el del libro digital en España.
Debo confesar que tuve sentimientos encontrados. Al principio, sin reflexionar demasiado, pensé que era penoso que tenga que ser el sector privado el que lleve a cabo este tipo de iniciativas.
Mi primera reacción fue que quizás el Ministerio de Cultura debería estar encargando estudios de este tipo. 
Gran ingenuidad la mía. Esto no es el Arts Council ni estamos en Francia.
Aquí no hay apoyo, y menos ahora, a este tipo de iniciativas. Es demasiado pronto y el MCU nunca se ha caracterizado por ir a la vanguardia de las tendencias del sector.
No es una queja. No lo critico ni lo condeno.
No me identifico con los artistas que se ponen en plan quejoso mostrando a los cuatro vientos por qué su obra es lo más importante y por qué hay que salvar el sector con subvenciones. El corporativismo me cansa.
 ¿Nunca va a ver un médico defendiendo la educación? ¿O un artista luchando por la Sanidad? Ya, ya sé que hay casos pero estamos cada uno en nuestros compartimentos sin ver lo que realmente se cuece más allá de España, en el mundo.
En un momento de grandes recortes (en Sanidad, en Educación) ¿tenemos autoridad moral para pedir un estudio de hábitos que posiblemente no interese a nadie excepto al pequeño y heterogéneo colectivo de autopublicados y a un par de empresas tecnológicas?
Ups, a lo mejor sí… si resulta que esas empresas, aunque escasas, son casi monopólicas, como Amazon y Google.
Pero ¡ellas no necesitan estudios! Ya tienen toda la información de nosotros. De nuestros hábitos, nuestras formas de consumo e incluso saben más que nuestras esposas, amantes, madres o padres.  Y no solo cuentan con la información sino que también tienen a los mejores expertos para analizarla e interpretarla. Digamos que son la envidia de cualquier Ministerio.
Y  hablando de empresas tecnológicas, acabo de leer una entrevista en El País a Marc Fumaroli, que parece ver en Amazon la materialización de todos los demonios.
Y sí, es francés y la verdad, debo decirlo, todo ese rollo antiamericano ya cansa un poco.
Y me parece hasta de otra época.
Se llenan la boca hablando de los libreros, del sector, de los trabajadores.
 ¿Y el consumidor? ¿No tiene nada que decir?
Señores, la competencia perfecta solo existe en los libros de texto. La vida económica está infestada de monopolios y oligopolios y a lo que más podemos aspirar es a una sana “competencia monopolística”.
 Si tenemos ganas de escandalizarnos busquemos monopolios en los servicios públicos, aquellos que no tenemos otra opción que consumir como la recogida de basuras, el agua o el alcantarillado. Y pregúntese si esas empresas han competido para dar el servicio que brindan...ahí sí puedo entender la indignación hacia el monopolio pero...¿en los libros?
En el caso de los libros o de cualquier bien más o menos cultural todavía podemos apelar a la soberanía del consumidor y, es en este campo que sin el apoyo de los consumidores no hay monopolio.
 Basta de estas luchas superfluas sobre el monopolio y la competencia. Lo que los libreros franceses quieren no es más competencia sino protección del bendito Estado.

Me encantan las librerías pequeñas, tienen su encanto y uno piensa que puede encontrar aquella joya. Pero, lamento decirlo, no me da ninguna pena el  pequeño librero parisino.
¿Y qué pasa con los pueblos o los barrios que no son ricos o no son céntricos?
Madrid es el gran ejemplo de eso. Las librerías están en los barrios “nobles” y el resto debe conformarse con algún kiosko de revistas que venda a Camila Lackbert.
 Y lo mismo pasa en importantes ciudades de provincias como Tarragona o Lleida donde la oferta de librerías es un desastre.
O hay una sola librería, monopólica por cierto, que vive de vender cartucheras y material escolar o de vender Las 50 sombras de Grey.  
¿Alguien se escandaliza por esos monopolios que te venden una Pilot V6 más cara y que encima cierran dos horas a la hora de la siesta?
 Claro, como es pequeño comercio…
Señores, aquí todos son comerciantes, los grandes y los pequeños y cada uno defiende sus mezquinos intereses.
 Y entiendo que así sea. No podemos pretender que sea un negocio abrir una librería en cada pueblo de España o en cada barrio de Madrid  pero entonces dejen vivir a Amazon que llega allí donde los pequeños, por la razón que sea, no pueden llegar.
Y volviendo a los libreros… en estos tiempos de crisis, no puedo dejar de pensar en otros colectivos mucho más desfavorecidos que en el nostálgico librero de Paris. ¿Será falta de empatía? Por más que me esfuerzo no logro sentir ni una pizca de pena.
Y en este mundo de pateras, de alambrados y de gente que muere en el desierto de sed, los libreros no cuentan en mi lista de colectivos a sentir pena.
Yo les diría a los pequeños empresarios, emprendedores o lo que sea que intenten escuchar al consumidor y olvidarse un poco de la “corporación”.
Yo solo puedo decir que soy consciente de que Amazon es una empresa que quiere ganar dinero (vivimos en un mundo capitalista)  pero el servicio que brinda parece gustar a demasiada gente y, como en todo mercado, cuando entra un nuevo actor hay ganadores y perdedores.
Es parte del juego capitalista en el que vivimos. No lo defiendo. Lo describo. Tampoco tengo razones para defender a Amazon. La política de royalties me parece, por lo menos, opaca y la burocracia que rodea todo el proceso desalienta a más de uno  pero lo que no puedo negar es que, aun teniendo una posición  dominante en el mercado (algo muy distinto de ser un monopolista) actúa como en un régimen de competencia.
¿Realmente creen que si Amazon fuera un monopolio nos freiría a mails con promociones y con su agresiva política de marketing?
No, los monopolios no necesitan del marketing porque tienen un mercado cautivo (y si no piense en cualquier servicio público que reciba en su comunidad y vea si se “pelean” por usted).
Amazon sabe que en cualquier momento nos puede perder y eso es lo que lo hace intentar mejorar su servicio todo el rato (si lo logra es otra discusión).
Con Amazon no da la sensación de estar en el monopolio del librero de turno que se sienta en su banco a esperar que entre alguien y que te maltrata cuando le preguntás si podés sacarle el plástico a un libro para hojearlo.
Imagínese para ese vecino de pueblo que quiere leer Guerra y paz, edición Alianza bolsillo cuando llega a su librería papelería y ve que lo único que puede comprar son cromos para su nieto.
Díganme si eso es competencia y si no consulte Microeconomía intermedia de Varian o cualquier libro de economía básica que encuentre y después me cuenta.
Por favor, este no es un ataque a los libreros. En el fondo, los envidio. Ser librero es un lujo en estos tiempos que corren.
Solo pido que dejemos de dotar de moralidad a empresas que existen porque los gobiernos y los consumidores así lo quieren.
Y volviendo a mi caso personal, he decidido aparcar temporalmente mi segunda novela y concentrarme en la promoción de Los viajes sonámbulos lo cual significa que intentaré estar mucho por acá, en FB y en Twitter.
Ya les contaré los resultados.
Por otro lado, y aprovecho para preguntar, he recibido una carta de Amazon en la que me piden Información fiscal. Todavía no me he puesto con eso pero estaría bien saber si esto es un trámite sencillo. He leído de todo en Internet pero estaría bien que alguien que lo haya hecho recientemente nos informe. Con el tema de los impuestos, todavía no tengo claro cómo funciona. Y es que he leído tanto al respecto que al final no me he quedado con lo importante (¿debo declarar en España o no?)
El exceso de información  me fríe el cerebro y bloquea mis neuronas. Por eso, voy a patear el asunto para más adelante.
Suerte que tengo a mis lectores que con sus comentarios me iluminan.

Hoy me pongo el poncho a pasar de este otoño frío y sin calefacción. 
Solo un Hijoputa bien frío me ayuda a entrar en calor.
Estoy por terminar con Skideslky (la maravillosa biografía de Keynes) y me pregunto... ¿quién será el próximo?


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