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KDP Select y la economía intangible: algunas reflexiones indies

Hace rato que tenía ganas de volver pero estos meses he estado trabajando en otras cosas igual de importantes y estimulantes.
En cualquier caso, hace ya dos meses me suscribí a KDP Select y tenía ganas de contar mi experiencia. 
Esta opción que da Amazon de promocionar tu obra ha generado opiniones encontradas. Hay quien ha tenido gran éxito y otros que no creen que sirva para mucho. Básicamente consiste en ceder la exclusividad de tu obra a Amazon por tres meses. A cambio, puedes realizar promociones que se supone que contribuyen a dar visibilidad a tu libro, lo cual puede ayudar a las ventas. Esa es la teoría.
En cualquier caso, he podido constatar varias cosas. En primer lugar, que la barrera tecnológica que pensaba que existía hacia los libros digitales no existe cuando hablamos de algo que es gratis. Lo he visto en mis estadísticas. Bajar el precio a cero elimina esas barreras por lo que el problema con el mercado digital sigue siendo el precio.
Hace unos meses decía lo contrario. Que la gente no conoce Amazon, que desconfían de hacer operaciones en Internet, que no saben manejarse en la red.
Bullshit.
 La gente no quiere pagar por algo que no puede tocar. Es la maldición de los bienes intangibles. No intento luchar contra ello. El ser humano necesita conectarse con sus sentidos más básicos. Tocar a otro. Manipular un objeto. Oler un plato de comida. Parece que necesitamos demostrar que no estamos tirando nuestro dinero. Y ostentar al mundo cuando consumimos.  
No me quejo. No creo que sea eficaz combatir las fuerzas del mercado. Pero… ¿y toda esa perorata de los bienes intangibles? Ya algunos economistas como Jeremy Rifkin conciben este  capitalismo como La era del acceso. El valor del acceso a algo. La no posesión. El consumo de música, experiencias, servicios de Internet. Todos objetos que no se pueden tocar ni intercambiar libremente en el mercado. 
Ya las grandes empresas como Google o Spotify se han encargado de pasarnos la factura de alguna manera: o a través de la posesión de nuestros datos personales o metiendo publicidad en el living de tu casa.
 Rifkin en su último libro, justamente habla de la economía del coste marginal cero,  ¿cómo hacemos para vivir de actividades que tienen un coste marginal cero? Google y Facebook han resuelto ese dilema pero…¿y los autores?
Tradicionalmente, la economía de mercado remuneraba a sus trabajadores “en el margen” es decir, su salario debía ser equivalente por lo menos al costo de producir una unidad más (sin tener en cuenta los costos fijos) pero…en el caso del libro, miles de autores nos estamos saltando a los editores, distribuidores, libreros y produciendo casi a costo cero (descontando el tiempo que perdemos escribiendo nuestra obra) llegando a un punto en el que las mismas ventajas del capitalismo (el aumento sin límite de la productividad) lo está llevando a su ocaso.
Unos libritos de verdad. De esos que se tocan y se huelen.

¿Es así? Al menos, así lo cree Rifkin que aboga por un cambio de paradigma. Él habla de bienes comunales y de consumo colaborativo como formas más eficientes de gestionar este tipo de bienes intangibles. Así era el mundo antes de que llegara el capitalismo con sus cercos y su propiedad privada pero ahora vemos que ese paradigma no nos sirve para explicar el mundo económico de hoy.
 En el fondo, Rifkin es un optimista, lo cual me hace sospechar. Pero escuchemos sus palabras:

“Lo que hace a los bienes comunales más relevantes ahora más que nunca en su larga historia es que ahora estamos erigiendo una plataforma global de alta tecnología en donde sus características intrínsecas optimizan los valores y los principios de esta antigua institución” (p.21)[1]

Pero volviendo a los que nos interesa. Rifkin no nos dice cómo harán los autores para vivir de su trabajo pero todo apunta a que el papel y el mundo tangible siguen ocupando un lugar preponderante en el reino de la remuneración cultural. No es fácil vivir de lo intangible. El mundo sigue queriendo cosas.
Y además quiere experiencias pero no está dispuesto a pagar por ellas.
Me gustan algunas ideas de este señor pero no me cuenta en ningún pasaje del libro cómo haré para pagar mis facturas a fin de mes. En ese sentido, no me queda otra que volver al mundo de las cosas, de lo tangible y dejar lo otro solo para filosofar.
Seguiré investigando las bondades de KDP Select pero tengo la intuición de que mi novela en papel tiene mucho más recorrido que un simple archivo en el Kindle de cualquier lector. Así lo demuestran las ventas.
Hoy me dio por hablar de economía. Lo siento, a veces  no puedo evitarlo.
En cuanto a mis planes a mediano plazo está seguir con mi segunda novela. Espero poder hablar más de ella en las semanas siguientes y preparar alguna promoción especial de Los viajes sonámbulos para Navidad. Creo que con eso ya tengo suficiente.
Necesito volver a la literatura. Enfrascarme en ese universo pegajoso y complicado que son las palabras cuando se escriben en un papel. Es curioso. No es especialmente placentero. Pero tiene algo. A lo mejor un punto adictivo. Un costado de búsqueda de algo. La palabra perfecta. O la comprensión de una verdad oculta que se esconde en un rincón de las tinieblas de la mente del escritor. No lo sé. Todo es posible.
Ya veremos.




[1] Rifkin (2014): The zero marginal cost Society. Pelgrave Mac Millan.  

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