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Construir una novela: crónica de una experiencia (1)

Hace varios días que tenía ganas de volver al blog. A veces necesito descansar de la novela pero al mismo tiempo seguir escribiendo. Es muy loco. Es un tipo de tedio muy característico. Son ganas de seguir pero de descansar. Una pulsión por sacar algo de mi mente pero al mismo tiempo con ganas de desintoxicar de la historia.
 Evidentemente estoy perdiendo la razón.
La verdad que no sé para dónde irá este blog. Me gustaría ser más prolífica pero siempre pasa lo mismo. El tiempo es escaso. Los recursos son escasos. ¿Las ideas? Son muchas pero se quedan en los muros de mi cabeza en el, digamos, 80% de las veces.
Por eso he pensado que mejor ir de a poco. Metas cortas. Objetivos cercanos. Accesibles. Que se puedan lograr. Tangibles.
 De momento, me propongo relatar los avances de mi novela. No sé si interesará al lector. Pero tengo la suerte de ser todavía libre. Eso es lo que tiene ser desconocida. No deberle nada a nadie y, lo más importante, no ganar ni un duro con esta bitácora.
Algún beneficio debía tener ¿no?
 Pues, la libertad es un gran beneficio que no pienso desperdiciar.
Escribir una novela siempre es un alarde. Una declaración de intenciones fuerte. Contundente. Es decirle al mundo que vas a invertir una cantidad de energía más o menos importante en algo que es intangible, y probablemente, efímero.
Lidiar con esta realidad no es para cualquiera. Hacer algo todos los días, aunque sea un rato, aparte de las obligaciones laborales, que genere tanta incertidumbre pero que al mismo tiempo hagas con ahínco requiere de una personalidad especial. O por lo menos de una actitud hacia el futuro bastante flexible (que me lo cuenten los coleccionistas, los amantes de los animales, en fin, o los corredores que si no corren todos los días se ponen nerviosos).
Yo me pongo bastante nerviosa cuando no escribo por eso trato de hacerlo aunque sea en la ducha. Usando mi mente como papel.
Nunca he sido de mirar el futuro como algo tangible, lógico, previsible. Sé que hay gente que logra ese estado de cosas entre las intenciones y los hechos.
Yo soy como un barco a vela. Tengo una hoja de ruta pero me dejo llevar por el viento. Me divierte. Me estimula lo desconocido. Inconscientemente, siempre estoy buscando lo que no conozco.
Se paga un precio, está claro. Pero si actuara de otra manera, también pagaría un precio y al final, la vida consiste en pagar los precios que creamos que merecen la pena.
Vamos a los hechos.

Ya he comentado que estoy haciendo una escaleta de mi novela. Para los que no están familiarizados con el término, es como un resumen pequeño de cada capítulo que sirve para ordenar todo el documento. Lo usan mucho los guionistas y todo lo que se cuenta es en presente. No es una sinopsis.  Se supone que se escribe antes de empezar a escribir realmente la novela. Te guía en el laberinto de historias, contextos, climas, relojes, etc.
Yo no he seguido ese camino. Lo que he hecho es hacer la escaleta a posteriori, lo cual tampoco es una mala idea. Ayuda a dar coherencia a toda la historia. ¡Y es genial! Tomas nota de cosas muy simples como, el tiempo que hacía en una escena concreta, también te recuerda los nombres de los personajes (sí!! Soy una colgada y he cambiado los nombres de algunos por puro despiste).
Otra ventaja de la escaleta es que te impulsa a mejorar la novela en sí porque para hacer la escaleta tienes que leer sí o sí todo el capítulo y en el ínterin, corriges y embelleces cosas. O por lo menos, lo intentas[1].
Yo estoy en esa plena fase. A medida que voy confeccionando la escaleta voy dando contexto y profundidad a los personajes. Está bueno. Es vigorizante. Es como dar energía y oxígeno a unos títeres que de otra forma estarían tirados en el suelo. Es como soplar y ver que toda la historia camina y avanza.
En cualquier caso, estos últimos días me he sentido un poco frustrada. Por momentos, me canso hasta de la historia. Sucede de a ratos. Hay momentos en que me gusta leer lo que he escrito. Me da ganas de saber qué va a suceder.
 Pero hay otros instantes en que me aburro con lo que escribo y es ahí donde meto más “caña”. Hasta que decido que es mejor hacer una pausa y dedicarse a otra cosa. Eso también ayuda a la historia.
Como meta de corto plazo, intentaré seguir con este relato lo más seguido posible. Es decir, con el relato del relato.
 Este blog debe alimentarse de algo. Tiene que haber más periodicidad. Más cercanía. Menos tochos y ladrillos.
Es curioso, El Canguro filósofo es más árido. Más serio. Más estructurado. Sin embargo, no para de crecer. Cada vez lo lee más gente y tiene más seguidores.
 Hay algo que hago bien allí y que aquí funciona más lento. Debo analizar esto.
Pienso que las redes sociales están buenas para los escritores que no somos nadie. Nos otorga cierta visibilidad pero también nos quita energía. Nos deja hundidos en la miseria de la superficialidad y lo efímero.
Sí, ya sé. A veces, lo efímero es divertido. Me gusta perder el tiempo leyendo cosas intrascendentes. Pero es como comer muchas gominolas. Están bárbaras, son dulces. Tentadoras. Baratas. Pero qué mal se siente uno después. ¡Qué arrepentimiento más estúpido el de las gominolas (gomitas)! Lo mismo pasa con las redes sociales. Hay que estar pero al mismo tiempo, te consumen un poco como persona social.
 Maldita sea. Todo tiene un costo. Nada es gratis. No hay atajos. Al final, hay que sudar en todo. No es una queja es solo la constatación de algo evidente.
Me estoy liando otra vez con otras cosas. Vuelvo a la novela. Ya llevo más del 70% avanzado. La idea es llegar al primer borrador en fin de año. Ya adelanté que la historia transcurre en Buenos Aires, Asturias y Madrid. También que aparecen personajes de Los viajes sonámbulos aunque no es una segunda parte. El contexto económico es muy importante como en todos mis escritos. Para bien y para mal, la economía nos define como personas. Sé que esta frase puede ser polémica pero no puedo ser hipócrita. La vida económica condicioma mucho nuestra decisiones, nuestra forma de encarar nuestra existencia, nuestras amistades, nuestras decisiones políticas. En parte, mi novela va de eso aunque no es el tema principal.
Ahora los dejo. Si tengo la suerte de mi lado, podré escribir un poco más. Pelearme con las historias. Destripar los personajes. Meterme en el fango.
Si en el fondo, me la paso bien.
Disfruten de este tiempo.
La calma de no estar ni en verano ni en invierno.





[1] Te dejo un link con una linda explicación sobre los usos de la escaleta http://www.tallerdeescritores.com/la-escaleta.php Y este otro blog sobre guión que mola http://www.guionistaenfurecido.com/

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